
No hace falta ni ser madurita ni ser ansiosa para entender que existe el reino animal, el mineral, el vegetal y las cucarachas. Cualquiera puede entenderlo. Cucaracha es una categoría separada y especialmente diseñada para la cucaracha roja, la blattodea, la periplaneta americana, el cucarachón, la cucaracha doméstica, la voladora, y otros trasgos. Esta categoría comprende una variedad de monstruos agrupados todos en lo que es LA CUCARACHA. Todos aquellos voladores, capaces de chocarte en su vuelo emitiendo el sonido "Tack" –que caracteriza a una pieza de carne dura que puede volar y chocar contra una pared, o agredir a un humano- han de entrar dentro de la categoría. La ansiosa será ansiosa, pero ya es lo suficientemente madura como para tratar con LA CUCARACHA.
La madurita ha leído en algún sitio en internet que el mayor peligro de tener cucarachas en la casa reside en la inhalación de sus excrementos. Ella puede entender a aquellos que gustan de inhalar los vapores de todo tipo de marcadores con agradable y embriagador aroma, o los que aspiran olores de libros nuevos y viejos, los que llevan a sus pulmones todo tipo de sustancias, e incluso a aquellos que aspiran a con orgullo el vapor que sale del pañal de su nuevo bebé... ¿pero inhalar excrementos de cucaracha? Eso va más allá de lo que ella le puede perdonar a una persona.
La menopáusica leyó en otro lugar que las cucarachas pueden sobrevivir a un holocausto nuclear: "La cucaracha promedio puede soportar una radiación de 6400 rad [expresión oficial de la unidad de medida de exposición a la radiación] La dosis letal para los seres humanos, sin embargo, es sólo de 500 rad. Una de las teorías lo atribuye a la capacidad de recuperación de las cucarachas, gracias a la capacidad de recambio celular semanal de estas rastreras, durante el cual la tasa de indivisibilidad de las células es aproximadamente la mitad de lo normal. Ya que la radiación causa la mayoría de las mutaciones en el ADN cuando este se replica, las cucarachas estarían a salvo. La desaceleración de la tasa de replicación protege a las cucarachas de la radiación. Si resulta que este es el caso, los científicos podrían ofrecer una proteína similar a las de las células del cucarachón a los seres humanos -que así podrían sobrevivir incluso más que las cucarachas-."
Este artículo tiene dos caras:
1 ¿¡Es una joda!? ¿Poner dentro de células de la menopáusica ansiosa una proteína sacada de células de cucaracha?!?! No sería capaz ni soñando una pesadilla.
2 ¿sobrevivir a la cucaracha?... ¿Estamos hablando de sobrevivir en la cucaracha? ¿En serio? ¿Tan fácilmente? ¿Sin traumas? Si es así, ella está dispuesta a hablar.
No es que la ansiosa nunca sobrevivió a cucarachas en su vida. Ha sobrevivido y ha sobrevivido, y ha quedado con trauma. La primera cucaracha que ella sobrevivió fue esa que pasó caminando sobre su pie desnudo y descalzo, cuando se levantó de la cama por la noche para ir al baño a los 8 años. Fue un enorme insecto rojo, con unas muy largas antenas nunca antes vistas en su vida. Era una cucaracha con patas llenas de espinas (más perturbadoras que las de la madura un día después de afeitarse las piernas). Una cucaracha con un estilo de caminata godziliana, con la cabeza oculta y protegida por una estructura prominente que es el primer segmento del tórax, y que escondía un par de ojos con mirada asesina. Una cucaracha que no tenía nada de doméstica. El paseo monstruoso de la cucaracha sobre su pie derecho vino como castigo para la madurita –niña en ese entonces- por no escuchar a sus padres que le imploraban a menudo: "No camines descalza." Así que niños ¡quedan advertidos!
A la segunda cucaracha la sobrevivió esta misma semana, en lo que fue "La noche de la cucaracha". Los gatos que viven en su casa durmieron como troncos en "La noche de la cucaracha", no haciendo su trabajo correctamente. Consejo: Si quiere que sus gatos duerman como troncos, usted debe entrar una cucaracha a su casa. ¿Donde están las siete vidas cuando las necesitamos? En el quinto sueño, al igual que el marido de la ansiosa.
Pero ¿Qué sucedió en la noche de la cucaracha? Sucedió que la ansiosa fue descalza al baño por primera vez en treinta y nueve años de trauma CUCARACHA. Sin chinelas en sus pies, y suprimiendo de su mente cualquier pensamiento sobre cucarachas voladoras. Pensó: "¿Descalza? ¿Y si hay una cucaracha?"... "¡No seas ridícula!"… "¡Nunca ha habido una en esta casa! ¡Puedes ir descalza, ya es hora de salir de ese trauma!" Se dijo a sí misma, con voz persuasiva.
Todo iba bien hasta que una cucaracha gigante se dejó ver en el piso del aseo, yendo de derecha a izquierda, hacia la puerta, hacia el pasillo, y hacia el dormitorio de la menopáusica. El objetivo final de la cucaracha fue la pata de su cama, donde se detuvo. Se notaba como sopesaba opciones, salió de su inmovilidad y empezó a subir. La ansiosa le iba atrás con un veneno en aerosol en una mano y las chanclas de la hija mayor – que tomó de la habitación a hurtadillas- en la otra.
Luego de unos largos minutos de operación militar, que incluyó intentos desesperados de despertar al gato que dormía plácidamente sobre su cama, por último se oyó en el silencio de la noche el sonido de "¡Tzack!", en un rápido movimiento de flip-flops de las chanclas de la hija, realizado con determinación y valentía. La vida de la cucaracha –con capacidad de sobrevivir un holocausto nuclear- llegó a su fin.
En el exacto momento en el cual el sonido de "¡Tzack!" sacudió el aire del dormitorio, el marido de la madura abrió los ojos y dijo con voz de sonámbulo: "¿Qué pasó?"… "Nada, sólo un cucaracha... volvé a dormir", respondió ella en un estado de triunfo personal y femenino, mientras consideraba cambiar el nombre del blog de "menopáusica ansiosa" a "heroína sin miedo."

Cualquier domingo dado por la mañana (que aquí son como los lunes) existe una tarea casi imposible de cumplir: llegar a tiempo a destino viajando en tren. También subir y encontrar un lugar para sentarse –que no sea viajando al revés, de espalda a la dirección del viaje- no es una tarea fácil. El tren casi siempre llega tarde los domingos, por lo que uno se pierde el otro tren, el de la combinación. Pero, ¿llegar tarde es lo mismo que perder el tren? Por supuesto que no, dirán. Perderse el tren es perderse el tren, y es mejor tarde que nunca. Este tipo de cosas son las que de repente al cerebro le da ganas de discutir a la edad de la menopáusica.
La frase "perder el tren" es molesta, incómoda, pesada, enervante e irritante, pero es un poco mejor que "perdí el tren". ¿Qué es eso de que "perdí el tren"? ¡Por el amor de Dios! Conseguí dinero para el pasaje, me organicé, planeé el viaje, me levanté, me vestí, preparé un bolso, tal vez incluso me maquillé, compré el pasaje, esperé en la estación y.... ¿Qué? ¡¿Perdí el tren?! ¿Tal vez sea que el tren es el que se perdió de mí? ¿Tal vez en el próximo tren el viaje sea más largo pero el tren estará menos lleno y todo será menos denso? O ¿Será que quizás gané el tren?

La menopáusica ha leído en alguna parte sobre un síndrome llamado "Síndrome de perder el tren", que es la creencia de que una determinada condición, o situación dada, es crítica e irreversible. A veces a ella le suena como que todo el mundo sufre de eso. Incluso ese pequeño y simpático gusanito que corrió por las vías detrás del tren, en un intento de alcanzarlo… y perdió el culo, volvió a buscarlo y perdió la cabeza. Moraleja: No, no es "no pierda su cabeza por un par de nalgas" sino "no pierda la cabeza por correr detrás del tren".
Otro trastorno obsesivo compulsivo es la creencia de que el tren pasa una sola vez, o de que sólo hay un tren que está diseñado para uno. Se trata de un malentendido común. ¿Acaso no oyeron de los abonos mensuales? ¿Y de la compra de boleto de ida y vuelta de antemano? El tren pasa una gran cantidad de veces, sólo cambian los pasajeros. A veces tampoco eso, ya le ha sucedido a la menopáusica que se encontró con la misma persona en diferentes trenes. Además, uno puede subirse por error al tren equivocado y sin embargo alcanzar el destino deseado. No es que hay que dejar que las oportunidades pasen de largo como si nada, pero tampoco hay que perder la cabeza como un gusano.
Además, y esto la ansiosa lo dice sin intención de bajonear, el tren es un símbolo de la revolución industrial, y hoy estamos en una era diferente...una era en la que la teoría de probabilidades conduce el pensamiento. Estamos en la era de las probabilidades. La era de la física cuántica. No somos empujados por una locomotora, ordenados en la vía férrea, todos detrásy de forma lineal, sino que cada uno es su propia locomotora, todo está abierto, y todo el mundo es su propio conductor. La luz en el túnel no viene necesariamente del foco del tren de frente. La luz puede ser una onda y también una partícula. Hoy en día todos somos remolques con capacidad de auto-propulsión. Está bueno, porque un tren puede ser también un horror de tren fantasma. Y eso de que cada uno sea un vagón independiente no significa que sea imposible conectarse para dirigirse en la misma dirección.
En lo que al síndrome de perder el tren respecta, "La única manera de estar absolutamente seguros de subir a un tren, es perder el anterior", dijo probablemente Chesterton. ¿Pero qué es lo que quiere decir la menopáusica con esto? Quizás sea que, de hecho, el sonido de un tren que se oye a la distancia mientras una está ahí, tranquilita, puede ser un sonido muy romántico, relajante y lleno de esperanza.
Así que queridas maduritas, donde quiera que estén, cuiden sus traseros si deciden correr detrás del tren, no sea cosa que al final terminen perdiendo la cabeza.
El tema del dormir es un tema un tanto doloroso para la menopáusica. Por ejemplo, hoy salió al jardín a sacar unos limones del árbol y se dio cuenta de que los limones que estaban realmente maduros estaban todos en el suelo. De inmediato surgieron de las profundidades, grandes preguntas existenciales, como las medusas en la playa de Ashkelon en agosto. ¿Es este el final de cada limón? ¿El final de cada fruta madura? ¿El fin de todo lo maduro? ¿El fin de la menopáusica?
Al parecer, estos planteos le surgen a causa de la falta de sueño. Esa es la explicación lógica. "Una persona que duerme entre cuatro y seis horas por noche se convierte en limón" recitó para sí misma, mientras seguía de pie en el patio y fijaba la mirada en el árbol, sin verlo. Se imaginó la frase recitada, dando vuelta en las páginas de Facebook, sobre una foto de fondo extraída de la base de imágenes de Google.
Un gato puede pedir salir por la ventana cerrada de la habitación a las tres de la mañana, pedirá entrar a las cuatro, pedirá salir de nuevo a las cinco y cuarto, y otra vez entre las seis y las seis y veinte...otro gato se puede subir al mármol de la cocina en un intento de beber agua del vaso quedó ahí por error y tirar el vaso rompiéndolo en el suelo de la cocina, a las cuatro en punto de la mañana (en su vida no habrá de beber de su cuenco de agua). Otro gato quiere entrar a la habitación de uno de los niños, comenzará a arañar la puerta de la habitación del niño o niña a las dos de la mañana, y continuará arañando la puerta hasta que alguien le abra. O hasta que logre agujerear la puerta.
Sí, está claro, no se puede dormir con gatos. Pero esa no es la única razón de la falta de sueño de la madurita. Probablemente, la razón principal sea la vida misma. Sí, Sr. Netanyahu, también la menopáusica puede pensar en la vida misma, no sólo usted. Ella siempre vivió con la confianza de que cuando llegue a la edad que tiene hoy en día, las grandes preguntas existenciales ya habrán recibido una respuesta adecuada. Preguntas como por ejemplo "¿Qué quiero ser cuando sea grande".
No es el caso. Hoy la menopáusica estaría feliz si tuviera una respuesta apropiada a esa pregunta, al menos una respuesta, aunque no fuera apropiada.
"Nada ha terminado hasta que se acaba," se dijo en voz alta para sí misma. Volverse un limón no es aún el final, porque para ese limón particular es el comienzo. La madurita no sabe lo que quiere ser cuando sea grande, y puede que nunca logre encontrar una respuesta a esa pregunta. Ella suele preguntársela a los niños, ya que todavía está buscando ideas. La única respuesta que sí tiene es a la pregunta "¿Qué no quiere ser?" La vida misma a veces la pone en un sitio donde ella no quiere estar, entonces no duerme otra vez. El sueño es la perfecta medida de la calidad del lugar donde se encuentra en cada momento. El sueño, o la falta de sueño, que también es impulsor de búsqueda y de cambio. Pero ¿por qué el dormir?! ¿Por qué?! ¿Por qué esa cosa tan vital que puede hacer de ella una flor fresca o un monstruo nocturno y oscuro?! Ella se las arreglaría igual de bien, o incluso mejor, si la perfecta medida fuera, por ejemplo, la longitud de las uñas de los pies, y no el sueño.
Queridas mujeres maduras: aunque no sepan muy bien lo que quieran ser cuando sean grandes, ¡no preocuparse! Si usted no duerme bien por la vida misma, ¡no se preocupe! ¡Basta con que usted sepa qué debe modificar, para cambiar y dormir! Este blog pretende ser un guía. Entonces, a la guía…guía.
Consejos:
Si no duerme lo suficiente durante la noche, y por lo tanto le surgen preguntas existenciales importantes -como medusas en el mar de Ashkelon en agosto- hágase sólo la siguiente pregunta: ¿Qué necesita usted cambiar en su vida? Es preferible también responder.
No beba agua después de una sandía. Tampoco vino después de un melón.
Si no duerme, pero no hay nada que haya que cambiar en su vida, o sí lo hay pero no lo puede modificar...entonces cámbiese a sí misma, cambie la forma de ver las cosas. Cuéntese a sí misma otra película. Y si es con Johnny Depp, mejor.
Media hora antes de cada comida beba dos tazas de agua fría.
Si usted se fue de vacaciones, y extraña a los gatos, ponga un reloj despertador que suene cada hora y media. Se sentirá como en casa.
Asegúrese de comer suficientes verduras y frutas, hágase media horita al día para estar con usted mismo, asegúrese de dar paseos a la puesta del sol dos veces por semana, haga ejercicio, el ejercicio reduce el estrés y prolonga la esperanza de vida.
No lea guías ni listas de consejos en la red.

Era razonable suponer que a la edad de la menopáusica ansiosa, la edad de la inocencia ya habría terminado.
No, no es el caso. Aunque ésta no es la inocencia de una jovencita, sino la de una madurita. Con el tiempo y con la madurez, ella ya se dio cuenta de que no hay tal cosa "meritocracia", sino conexiones. Además, se dio cuenta de que sí hay tal cosa como "suerte", y que no todo depende de la cantidad de esfuerzo y de deseo que tiene un ser humano. Si alguna vez pensó que el esfuerzo trae frutos, ahora sabe que lo que hay es o suerte o conexiones.
La diferencia entre la inocencia de la jovencita y la inocencia de la madurita deriva principalmente de la intención de la menopáusica de no volverse una vieja malhumorada, una resentida social, una de esas ancianas irritables. En verdad, tal vez fue siempre una malhumorada. ¡Pero vieja!
Es cierto, ésta no es aquella inocencia refrescante relacionada con la creencia de que está todo bien, sino la inocencia depresiva relacionada con el subtexto de la frase todo está de rechupete.
¿Pero por qué todo está de rechupete no puede ser lo mismo que está todo bien?
En verdad, se puede decir que casi todo en la vida depende de la auto-sugestión. Después de todo, el cerebro percibe sólo lo que él cree que ve, que oye, que siente. Y la menopáusica puede auto-educarse a creer en cualquier cosa. Casi.
Si antes la inocencia se limitaba a estar dentro de sus fronteras naturales, hoy en día la menopáusica sabe que su inocencia es ilimitada. Casi. A partir de las fronteras ampliadas de la inocencia, la madurita puede utilizarla para reforzar y para racionalizar todos los estados de ánimo de la menopausia. Por ejemplo, si está de mal humor, su ingenuidad le hará creer que la imagen fotográfica de la modelo en la revista muestra una real piel suave y radiante, unos reales ojos sin arrugas, y unos perfectos cabellos reales, a pesar de tener la modelo 47 años de edad. La madura hará ojos ciegos al photoshop y podrá decirse a sí misma "su esfuerzo valió la pena", haciendo caso omiso a la meritocracia y llorando por haber dejado de hacer su gimnasia modeladora. Pero, si su estado de ánimo es bueno, inmediatamente cancelará en su mente lo que sus ojos ven y se relacionará con la misma imagen, por ejemplo, como una mentira manipuladora que sólo pretende causar un consumismo ciego e inocente. Su inocencia es flexible, pragmática y servicial.
Inocente puede ser quien "da confianza ciega y poco sofisticada, es papanatas, ingenuo, ignorante, inofensivo e inocuo", y puede ser también quien es "puro".¡Ah, la divina ambigüedad!
Según Wiki, William Butler Yeats dijo: "la inocencia y la belleza no tienen enemigos excepto el tiempo". Tal vez sea cierto. En cualquier caso, el juicio de Yeats es menos perturbador que "el ingenuo es como un leproso mudo que ha perdido su voz, y va vagando por el mundo sin ninguna intención de dañar ", frase que dícese ser de de Graham Greene.
De acuerdo a Wikipedia, la inocencia es un concepto que caracteriza a gente no sofisticada y que no va por ahí buscando el mal, sino buscando una vida sencilla. ¡Ahora que la menopáusica es mayorcita, de repente no es tan inocente sino que se vuelve mala y sofisticada! ¡Nooo...ni ahí! Como he dicho, ella tiene el don de educarse a sí misma para creer casi cualquier cosa. Momento... ¿Y pensar así no es pensar de una manera inocente? Ahí está, la experiencia de vida puede arruinar un poco la inocencia, pero también nos puede llevar nuevamente hacia ella.


Las puertas giratorias son hélices apocalípticas. Principalmente esas que dan vuelta por sí solas, a su propio ritmo, las puertas robóticas. Así es la de la entrada por la puerta "Ofer" en el shopping "Gran Cañón" en Beer Sheva, se mueve por sí misma, no importa si la menopáusica quiere pasar rápido o lento, la puerta está en la suya. Es como si tuviera auto-conciencia y tomara responsabilidad de sí misma. Como si la puerta estuviera planificando una revolución, una toma de poder contra la dominación burguesa. En tal caso sugeriría colocar señales de advertencia en la entrada al centro comercial: "Atención, puerta con conciencia de clase."
Para una control freak como la madurita, autora de este blog, no es algo simple que la puerta se mueva por sí sola. Aunque hay un lado positivo, y es que las demás personas, que entran a la puerta antes o después que ella, tampoco tienen control. Todos van a la misma velocidad, con lo que se ahorran argumentos y molestias innecesarias en relación a la velocidad de rotación. También las puertas que se abren automáticamente pueden ser difíciles a veces.

La automatización se está extendiendo en la vida de la menopáusica. De hecho, en la de todos. El auto automático, por ejemplo, decide por sí mismo cuando va a mover el engranaje de los cambios. La mayoría de las veces el coche no hace exactamente lo que haría la menopáusica, actúa sin sincronización. Por ejemplo, la menopáusica haría un cambio a un cambio inferior antes de una subida (para dar potencia al motor y subir fetém fetém, claro). El auto, por el contrario, pasa a un engranaje menor justo después de la colina (que es cuando el coche se da cuenta que el motor necesita potencia). Es cierto, hay quienes dirían que no todos los autos reaccionan de esa manera. Es verdad, el auto anterior de la menopáusica se daba cuenta de que si ella daba un golpe de aceleración pisándolo de repente, esa era una señal de que debe hacer el cambio, a un cambio más bajo, ya que ella se dispone a pasar a un auto en la ruta y el motor necesita potencia. El coche entendía y reaccionaba en consecuencia.
Esto demuestra exactamente el problema del cual estoy hablando, que es que cada coche tiene su carácter. Pero, ¿Estamos hablando de un coche automático o de un coche con carácter? ¿Desde cuándo los autos tienen personalidad? ¿No es suficiente ya lidiar con los seres humanos y sus personalidades? ¿Por qué copiar la complejidad de las relaciones humanas en las relaciones entre las personas y las máquinas, las puertas, los autos y demás?
Las máquinas sustituyen cada vez más a los seres humanos. Ya hable aquí sobre los robots, y de cómo serán parte de nuestras vidas, como terapeutas, cuidadores, y quizás en el futuro también como pareja, como en la película "El hombre bicentenario". O, tal vez serán como el genio de la botella, o como monstruos incontrolables, estilo Frankenstein. No tenemos otra opción que entender nuestra relación con la tecnología así como entendemos las relaciones humanas. Es nuestro esquema mental. Las relaciones son relaciones. Así que, sí, la menopáusica se relaciona con la puerta y con el coche. Incluso si para la puerta no hay ninguna relación, ni nada que se parezca, para la menopáusica sí la hay, por lo tanto, hay relación en la ecuación. ¿Ustedes no tiene ninguna relación con whatsapp? La ansiosa sí.
Cada conexión por whatsapp es relacionarse en dos niveles, o dos dimensiones. Uno de los niveles tiene lugar entre la menopáusica y la persona en el otro lado del whatsapp. La otra dimensión es entre la menopáusica y el whatsapp. Ésta dimensión es una especie de meta-relación. Dar-recibir. Necesidad-respuesta. Servicio-agradecimiento. ¿Actualizar la aplicación es como darle de comer?

"Las máquinas de ganar premios nos engañaron toda la vida." ¿Vieron ese titular? Recientemente he descubierto que esas máquinas que tienen una pequeña grúa para levantar muñecas de peluche fueron diseñadas de modo que las muñecas casi siempre se caen, incluso cuando logramos atraparlas. Lo interesante aquí es el título: " Las máquinas de ganar premios nos engañaron toda la vida." No habla de los humanos, que son los programadores, sino de las máquinas. En el artículo se hace acotación a los dueños de las máquinas, pero no en el título. Esto es representativo de algo.
En otra época Marx desarrolló la teoría del fetichismo de la mercancía, me parece que hoy en día se puede hablar de fetichismo de las máquinas. Las relaciones humanas están mediatizadas.
Breve historia del fetichismo de la mercancía: en el mercado se lleva a cabo el trueque de mercancías como si los propios productos mantuvieran relaciones sociales y no los humanos (por lo tanto, se oculta el verdadero fundamento de valor). En el mercado los bienes son intercambiados con otros productos, como si ese intercambio fueran relaciones sociales, mientras que las personas no están conectadas directamente con otras personas, sino con cosas. Las relaciones humanas se cosifican. La persona que compra la leche en el supermercado no se relaciona con el productor de leche, sino solo con el cartón de leche y con su precio. Para más claridad, la plata de la persona que compra la leche en el supermercado se relaciona con el cartón de leche.
En un paralelismo, la menopáusica no se relaciona directamente con la persona al otro lado de whatsapp, sino su teléfono con la aplicación, o su teléfono con otro teléfono, aplicación con aplicación. Lo mismo para la persona del otro lado. El futuro robot que cuidará de mí estará conectado a la expedición automática de remedios de la organización sanitaria farmacéutica de la obra social, yo no me relacionaré con el médico. Incluso aunque todavía esté "yo" y esté el "doctor" detrás de las cosas, no nos veremos, no nos registraremos, exacto como en el fetichismo de la mercancía, las relaciones se cosificarán casi por completo. O tal vez no. El tiempo dirá.
Las máquinas siempre han estado en contacto con los seres humanos, como herramientas, instrumentos, como una extensión del ser humano o como máquina independiente conferida por la manipulación humana. Pero en esta época, donde las personas cada vez son más dependientes de la tecnología, donde las máquinas se vuelven cada vez más autónomas, puede ser que la idea de puertas giratorias con conciencia de clase no sea tan pero tan descabellada.
Estoy hecha una adolescente, verdaderamente en la edad del pavo, odio ducharme y sólo quieren dormir. En realidad estoy en la edad del "IT". Del this is "IT".Probablemente no todas alcanzan la edad del "IT" como yo, que voy a Forever 21 convencida que el nombre de la red fue inventado para mí, porque quiero un jean desgarrado, aunque ahora necesito dos talles más grande del que solía usar.
La verdad es que no me importa cómo me veo, lo que me importa es haber perdido el control (alguien dijo control freak?). Si voy a pesar cinco kilos de más, prefiero que sea a causa de haber saboreado a sabiendas unas buenísimas y abundantes comidas de reyes, y no porque mi metabolismo ha decidido salir de jubilación anticipada. No es que quiera darle bola, pero es ese Meta-bolismo que me empuja al bolismo.
Hace unos días vi una nota sobre el concurso "Miss Abuela" en Brasil. Cada abuela concursante presentaba un cuerpo de modelo, por lo que si hace falta ser una abuela para tener ese cuerpo, ¡venga! ¡Ah, mi metabolismo jubilado!
Con la edad descubrí que el mejor momento para reflexionar y meditar sobre cualquier cosa es mientras se conduce, al volante, en el auto. Cuando una va manejando sola en el coche la atención es capaz de dividirse por la mitad, por lo que una está súper-concentrada en el volante por un lado, pero al mismo tiempo medita y reflexiona profundamente sobre tópicos varios. Así me pasó hoy mientras me dirigía a una reunión. Llegué al destino con la respuesta. No es el peso extra lo que me molesta tanto, sino el haber perdido el control. Esperaba que con la edad se incrementara el control y no disminuyera. "Algo le sucede que no está bajo su control, si no sabe cómo controlarlo", declaraba una frase en un artículo sobre la menopausia que encontré en la red. Sabia la frase, aunque un tanto redundante. Es muy sencillo, basta con aprender a controlar lo que me pasa.
¿Pero qué es lo que me pasa?
"IT". Esto es lo que me pasa. Lo llamo "IT". Así que antes de empezar a tomar Verbena Medicinal para equilibrar las glándulas suprarrenales, Angélica China para aumentar el flujo sanguíneo, o Arbusto de Abraham para el aumento de la actividad de los receptores de dopamina en el cerebro, debería aceptar que sólo estoy en la edad del "IT" y vivir tranquila.
En la edad del "IT" hay ITchiness (prurito, irritación o malestar), ITerate (repetición), ITems (temas), y ITemization (detalle y desglose), en sus formas más extremas. Pero en mayor parte lo que hay es "IT" en sí, al cual una debe ser capaz de controlar, y la mejor manera de controlarlo es Let IT be, o Just drop IT.
Por lo general, no soy de las que creen que el no relacionarse con algún temita hace que éste desaparezca, pero en este caso me parece que hay que vivir y dejar vivir al "IT". No es malo ser un poco Itinerante y pasar de una edad a otra, ¿no? En general, ser ITinerante permite conocer nuevos lugares. No nos olvidemos de que la edad del "IT" hoy en día se prolonga, ya que la esperanza de vida se alargó, así que vivir en paz con "IT" es la mejor idea para una buena longevidad.
Y ahí está la menopáusica, entrando en el shopping center, abriendo su cartera frente al agente de seguridad de turno para la inspección, viendo como el hombre palpa la cartera con sus manos, mientras fija sus ojos, como misiles teledirigidos, en el corpiño beige que lleva suelto dentro de la cartera desde hace tres días. Lo lleva de ejemplo, por las dudas de que pase por el negocio donde venden corpiños de oferta, así puede comprarse otro comparándolo con éste, sin tener que probarse nada. A diferencia del agente de seguridad -que acto seguido al encuentro del corpiño le inquiere mirándola fijamente: "¿señora, lleva armas?" - la cartera todo lo soporta.
La menopáusica se vuelve más y más eficiente con el paso de los años. Nada de ir especialmente al negocio de corpiños. Todo al paso.
La frase "para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero" no se ha inventado así nomás, con los años el bolsillo del caballero suele funcionar como una sucursal de la cartera de la dama. Si su marido y ella salen a visitar a amigos cercanos, ella no llevará su bolso, ya que su labial de manteca de cacao y su celular irán cómodamente en el bolsillo del caballero. En ciertos casos no sólo el bolsillo del caballero funciona como sucursal para la dama, sino el caballero en su totalidad. Si salen a caminar, el bolso va con ella, pero pasa al hombro del caballero a las tres cuadras.
Los cambios que se producen en la mujer pre-menopáusica y menopáusica son bien observables en el contenido de la cartera femenina, que crece con la edad. Algunas cosas se llevan en la cartera desde la juventud hasta la muerte, como las llaves. Otras, como las toallitas húmedas, a menudo vienen con los hijos, y como ellos, se quedan para siempre. Las toallitas húmedas tienen la característica de delatar información, algo como "dime qué toallitas húmedas llevas en tu cartera y te diré quién eres". Además, es sabido que la cartera de la menopáusica es objeto público para sus hijas, y ante el llamado de "¿me podés llevar esto, mum?" su cierre está siempre abierto para ellas. Así como el bolsillo del marido es una sucursal de la cartera de la menopáusica, su cartera es una sucursal para sus hijas.
El tamaño de la cartera es uno de los parámetros visibles en el marcapasos de los cambios. De joven cartera, de grande bolso. De joven las llaves de la casa y pañuelitos descartables en caso de resfrío. De grande, agüita mineral, anteojos de leer, anteojos de ver de lejos, anteojos de sol, todos en sus estuches diferenciados. Tres biromes, por las dudas que alguna no funcione. Las llaves del auto, de la casa, de la casilla de correo, del depósito, de la reja, de la casa de la madre, y a veces de la casa de la suegra, y también las de la casa del ex marido en ciertos casos. La agenda, el cargador del celular, la manteca de cacao, algunos pares de aros, espejito, recuerdos varios, notitas con teléfonos, notitas con direcciones, notitas con instrucciones de diferentes quehaceres, lista de supermercado. Billete de lotería viejo y otro nuevo. Cajita con distintos tipos de pen drive. Billetera para plata, billetera para tarjetas, monederito, fotitos de carnet, de ella, del marido y de los hijos en el caso de tener hijos, de distintos años. Cepillo para el pelo y hebilla, todo en desuso de hace años. Papel higiénico. Dependiendo de la edad, toallitas femeninas. Crema de manos. Chicles y caramelos. Chocolatines acompañantes de cafés de bares. Toallitas húmedas. Mini paraguas telescópico. En invierno la bufanda atada a la correa. Sobrecitos de sal para la hipotensión, sobrecitos de azúcar para la hipoglucemia, cápsulas de Ibuprofeno -en gel- para la jaqueca, pastillas contra el dolor de garganta y pastillas de vitamina B12 para el cansancio. Curitas, gel antibacteriano. Hisopos. Corpiño beige de ejemplo.
La amenaza de "el bolso o la vida" no funcionaría.
Estamos hablando de una verdadera cartera de valores. La menopáusica se hace cargo por sí misma del manejo de la cartera. Por ejemplo, ella sabe -por experiencia- que pedirle a alguien que saque algo de dentro de su cartera es exponer a esa persona a una misión imposible, y salvo de que se trate de Tom Cruise, no hay manera de que alguien lo consiga con éxito. Los dueños de los establecimientos que cuelgan el cartelito que anuncia "cuide sus efectos personales, la casa no se responsabiliza" entendieron bien las cosas. Algo queda claro, que quien le sugiera a la menopáusica que "la memoria es la cartera de la vejez, y es necesario llenarla", no sabe bien de lo que habla.
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